miércoles, 9 de mayo de 2018

He venido

¡Llegué!

Me habían atrapado, hace horas que estoy corriendo
Pero llegué, acá estoy

Traigo el alma preñada por cuerpos que le han ido pasando

Pero no siempre estoy en el cuerpo
No siempre le han ido pasando

Hace horas que no paro de correr
Me resbalo y sigo
A dónde estoy yendo

Acá llegué
Este lugar lo conozco pero no me pertenece
Acá me rejunto
    me deslimito
Nadie espera de mí, ni saben
Acá, yo soy

Necesito escurrir la angustia como se escurre un saquito de té
Un saquito de té
Beber de a sorbos  el aire espeso de las horas tristes,
De las horas tristes,
De las horas tristes

Y después empezar a decir 
Serán, primero, balbuceos
Lengua de niños,
de niña que quiere salir corriendo, pero no de jugando
Empezaré a decir

Tengo un cuerpo de carnes, de huesos, de tejidos
Estos cuerpos me duelen, los llevo adheridos y me duelen,
no puedo abandonarlos, soy en ellos,
les debo mi cuidado

Quiero decirlo:
Me duele, me molesta, me arde, me punza, es un dolor desarrollado,
no un dolor cualquiera
Quiero decirlo
La fibra herida, el hollejo agonizante

Por ahí veo las pistas,
sobrios señuelos que se abren paso entre la neblina del camino

A veces me siento como de cien años,
una pieza antiquísima pero inacabada
El paso del tiempo me con-mueve
me azora la imperfección
(azorar, que linda palabra, suena mejor que decir que el paso del tiempo vuela tras las aves, sobresalta y enciende)
las palabras… ¡ay las palabras!
despertando singulares microcosmos internos

Vine a decir, no cabe duda,
¿Qué vine a decir?
Pues esto, el cuerpo de la poesía: sensibilidad de piel, dientes, caderas, palabras...
¿Para qué?
Para azorar

La lengua floja que se expande hacia los costados, inunda la boca
La lengua llena toda la boca
Pero también la lengua se pone dura cuando escribo

Parece que con la boca comemos al mundo,
lo tragamos
También por eso quiero decir, por  hambre

Llegué.
Soy un alma vieja en un cuerpo herido, con hambre

Algunos no creen en la oración
Yo sí creo

He venido a decir

                                                                           (Ph: Julian Villarraza)





miércoles, 31 de enero de 2018

Una pollera


De una soga cuelga una pollera roja, le caen gotas que riegan la tierra, el viento la lleva y la trae. No es sólo eso.
Un niño salta del cordón a la vereda, va entrecortado junto a su mamá y por ahí lo tumba la pollera. Pasa una chica arriba de una bicicleta, frena en la esquina porque cruzan del brazo una mujer muy alta con una anciana y un perro salchicha. Dos chicas se besan dentro de un auto que espera con el semáforo rojo, debajo del cielo gris, sobre un árbol verde, y en el balcón cuelga del tender una pollera violeta, bombachas, medias impares y un delantal verde.
Es árbol y es pollera moviéndose con el viento del tránsito cuando cambia el semáforo.
Una mano sube, se mete y aprieta los muslos, los meten para adentro levantando la falda contra la pared. La lengua se escurre debajo de la pollera, es la siesta.
Es el año 1902, un barco se aleja en el mar – mar que viene de un río de pardos atardeceres- y una mujer desde la proa ve desdibujarse en la orilla la silueta de un joven que la mira casi sin parpadear, se cubre para que no la vean, su pollera le danza la grieta que se abre.
Es una pollera enrollada sobre las rodillas que amarran un balde lleno de agua y jabón; las burbujas, al sol, parecen espejos diminutos donde se refleja el color. Y las manos rojas hundiéndose en el balde, restregando prendas ajenas, más tarde las propias. Las mismas manos húmedas, rascan las rodillas porque pican por el sol y por el tiempo que ha pasado. Y ahora acomodan el pelo suelto que se mete en la boca  y se llenan de saliva y los cachetes están rojos. Rojo es supensamiento que trae los ojos de aquello que desea. Roja su pollera, sus manos, su boca y el balde. Mojada, destiende la ropa que ya se secó. 


sábado, 13 de enero de 2018

Yanomora



Mora en una casa viva, es sua namorada. Los colores se le paran enfrente y le dicen: acá estamos.
Se va moviendo la casa, baila el salpicar de los pájaros y el reguetón del barrio, baila la música del que vende huevos y el pregón del verdulero.

La casa  está incompleta, siempre en construcción. Las primeras paredes son capas frías. Las que vinieron después, calientes.

En el piso está la boca vieja que quiere hablar, va perdiendo los dientes, no se le entiende lo que dice.
Se come las cucarachas, se come los piojos. Hasta los granos de arroz se come.

Tiene ventanas a la altura de los ojos, en ese horizonte y ventanas que miran el cielo. Fueron puestas a puro abrir agujeros en la pared.
Algunas están cerradas por siempre y algotras nunca lo hacen del todo, una hendija permite entrar los olores, salir gato, entrar el chijete, salir pelusas, suspiros

Las puertas fueron cambiando de lugar y tampoco traban, solo aparentan.

Donde hubo cemento ahora hay barro y cal, sobre el barro, palos y escombros y sobre el escombro, pasto. Una parte del techo está lleno de tierra, yuyos e insectos, el otro está cubierto por una lona negra para que no entre el agua por las tejas. Cuando llueve chorrea por los pilotes llenando ollas y tupers.

La casa viva guarda en sus capas palabras escritas, como tatuajes ocultos que serán leídos en otra vida.

La casa vio como fueron muriendo sus dueños, veló por ellos con funerales, flores y vino.
Y una noche de noviembre refugió el nacer de un niño. El aire olía a mamones y floripondios y desde las estrellas caían bendiciones.

En la casa que mora hay un jardín. Hay varios jardines, los que se ven y los que no. De los que  se ven, están los silvestres, con sus plantas sobrevivientes, áridas, que no precisan agua, ni palabras casi, de un color apenas variable entre el verde oscuro al marrón claro; y los que se entretejen por debajo, queriendo rebrotar, chupando hasta la última gota del mineral de la tierra, hormigas y coleópteros rempujando el yuyaral, babosas que van dejando su camino plateado, cartografías de las estrellas. Los otros son los jardines que se imagina ideales, de suculentas flores y helechos regados, entramados complejos de texturas, cultivados rocíos y savia en las nervaduras.
Frutales, gallinero y huerta, habitan en un pasado presente entrelíneas.

Un día de este principio, o de aquel final, la casa viva se fue comiendo sus cosechas sin volver a sembrar. A sus gallinas las cazaron las comadrejas y los perros quedaron hambreados; el gallo murió hediendo de bichos que le hervían en la piel del ala descarnada.
Los cimientos se movieron y la estructura se partió en dos.

La casa engulló sus sueños, sin respirar.
No quisieron cohabitarla más, ni copularla, tampoco se acercaron a libarla o demolerla.
Se quedó vacía la casa. Autofagocitada

Yanomora ninamora, yanomora ninamora, yanomora ninamora

La tierra la fue cubriendo suavemente. Digamos, absorbiendo.
Hoy día, sí pasas por ahí, ves un pequeño cerro, con algunos árboles, plantas ásperas, piedras y caca de perro.

Capaz una mariposa blanca que revolotea y después se va.

miércoles, 3 de enero de 2018

Pachón



Quién me lo hubiera dicho que esto iba a ser así
Pachón
Que de conocerte casi se acabarían todos los viejos problemas
y empezaría la catarata de amor
a hacerse raíz
remolino de coraje,
barrancas,
risas,
olores.


Baba; mocos; teta – boca – succión; fiebre; broncoespasmo; pecho; barro; piojos; uñas; llantos; gritos; curiosidad; agua; velocidad; límites; miedo; hambre – sed; pis-caca;
Y preguntas.


Este amor con piel, que de gorda se hizo lisa pero el olor y el tono.
Ese idioma particular con el que te comunicas desde el primer día
aunque ahora uses palabras y frases, conceptos
siempre es tu idioma
de cachorro
de Pachón


Para qué habrás elegido venir aquí, justo adentro mío
Cuántas cosas más aprehenderé de tú mano y de tus orejas
A ser fuerte lo primero, muy fuerte, una mamá ninja, o kingkona


Tus ojos me miran desde tan lejos y desde tan cerca a la vez que mete miedo
pero no un miedo de fantasmas o de ladrones, de chuquis o policías
ni siquiera miedo de no poder verte más algún día
Es un miedo del que no puedo huir
(ya te contaré que esa es mi especialidad)
De que es acá, así, de verdad, vos y yo y el universo que nos unió para siempre


Sabes muchas cosas ya, y eso me asombra
Y otras, ríos de preguntas
¡Ah! ¡Arroyos de preguntas!
De lágrimas, ríos y arroyos de chinches por no saber poner límites
Maestro de la demarcación
Espejo profundo
Peces de colores en este rio, en este espejo
Y los de tu cuento
Y las mojarritas que pescaste con las cañas que te regalaron
Y también los que andan en el cielo
¿Ah, no? ¿No viste todavía los peces del cielo?
Bueno, yo tampoco pero me los puedo imaginar
Así los escribo, porque me gusta imaginármelos mientras los escribo


¡Quiero que seas feliz!


Una vez te pregunte qué era lo que más te gustaba de la vida y me dijiste sin dudarlo:
TODO. Claro, pensé yo, que idiota.
Y así sos también, claro como el agua.
"La vida es un pájaro mamá ¿no sabías? y la naturaleza es un árbol"


Recuerdo una vez, estábamos hablando de que en nuestro planeta hay más agua que tierra entonces te dije:
Yo soy del planeta agua
¿Y yo? Me preguntaste
Vos también, te dije
Pero somos de naturaleza diferentes, me aclaraste
¿Ah sí? Te pregunté interesada
Sí.
¿Y vos de qué naturaleza sos?
Mi naturaleza es ser libre ¿Y vos? Dijiste sin titubear
Y yo no sé. Respondí hecha una tonta de amor ¿Vos de qué naturaleza decís que soy?
Y, de rio.


Me das vuelta entera y me pones el alma con el viento, pululante, revuelta.
Las preguntas que haces, casi siempre precedidas de un largo silencio,
Esos momentos que te espío o te observo de lleno y estás resolviendo alguna emoción, re- conociéndola.
Sos chiquito, me digo, pero ahí estás, re valiente con cuchillo y destornillador, con espada, con pinzas, con telescopio y estetoscopio, auscultando la sensación, observándola, saboreando, viendo qué onda…


Hace unos días me dijiste:
Hay algo que no está pegado entre nosotros dos.
Refiriéndote a esos momentos en los que no queremos jugar al mismo juego. La frase me quedo resbalando durante días, de la cabeza al corazón, del corazón a la panza y de la panza a los pies, después se fue o se guardó en los recuerdos.


Ahora dormís, y cuando dormís ya no hay tiempo, parece que recién hubieras nacido o que ya estuvieras por cumplir noventa años.


Cuando me enojo, me enojo mucho
Me pongo torpe y gritona, te hablo mal y casi que no puedo controlarlo, soy yo el mar revuelto, la tormenta devastadora
El monstruo
que sacude tus casitas y lastima las capas que unen y separan y después se le hacen cascaritas
¡Ay que mamá más mandona!  Me decís enojándote también mucho
Y yo me siento mala madre, infeliz y desgraciada
Pero respiro, me voy afuera y azoto algún palo o caña contra la tierra o algo duro, camino, miro el cielo, pido y me calmo un poco
Vuelvo a entrar y te observo, conversamos
Y cuando se puede, te pido perdón
(a veces también me perdono)
Le hablo al Universo, Dios y Mamapacha que no sea tan irreparable lo roto
Que el grito no haya rasgado las partes más finas del cuenco de tú corazón
Son muy feos todos esos días.


Mamá y Papá están separados.
Y a veces parece un río ensanchándose entre los dos,
alejando las islas que somos
Papá isla de pájaros, cabras y sauces, atardeceres
Mamá isla de monos, gallos y arena, amaneceres
Los otros días hiciste un dibujo de un ser con un cuerpo, tres cabezas, tres corazones y tres pies
Dijiste que éramos papá, vos y yo, un solo cuerpo con tres cabezas, tres corazones y tres pies
Me emociono mucho el dibujo
Y algo me duele, casi siempre
Sin embargo queda claro que sentís que somos uno
y uno y uno es todos y todos vinimos para amar,
como dice la canción que cantamos en la Escuelita
La otra noche, conversando, me dijiste que para vos era difícil que estemos separados y me preguntaste sí para mí lo era
Yo te dije que sí, que para mí también y que seguro que para papá también
Y vos me dijiste que preferías que no nos hubiésemos separado.
Ahí, a mí, se me pone todo negro
Y no puedo ofrecerte lo que necesitas
Pero ¿vos de verdad necesitas eso?
También hablamos de lo difícil que sería vivir juntos con acuerdos diferentes
Vos lo entendiste
Yo todavía no sé si lo entiendo
Y me consuelo o contento pensando que todas estas vivencias te van a hacer más fuerte y más sabio
O algo así… “Que se yo” (dice la polla de Laura; te gusta ese cuento y a mí también)


Todo nos está dado para sacarnos brillo, eso creo, hijo
Me es difícil ser impecable con mis palabras, con mis actos, tener algunos conceptos claros para trasmitírtelos, transmigrártelos
¿Qué te dejaré por herencia?
¿Qué sentirás por nosotros, tu familia, cuando seas grande?
A veces tengo miedo de ser irresponsable y que siendo adulto sufras por lo que no supe cuidar
¿Pero qué es ese miedo? ¿Dónde nace? ¿Dónde muere?



Ayer me preguntaste si habías sido otro antes que este que sos ahora.
Si habías sido persona antes, o qué habías sido.
Me preguntaste qué eran los cítricos. Y también porque todo en el agua es más liviano.


Hoy cumpliste 6 años
Se me pone seria la palabra cuando pienso en todo lo que pasó, no sé porque será, como que es denserio. Este amor tan profundo entre los dos y tan enérgico,
Nos tratamos mal y nos amamos y nos perdonamos todo ¿O casi todo?
Mamá te cuida y vos te dejas cuidar, a veces mamá no sabe cuidarte tan bien como sus expectativas lo esperan pero vos lo aceptas igual.
Yo mando a mis expectativas a nadar.
Y a vos te invito a dar una paseo en bici, Pachón, me gusta llevarte sentado atrás, me vas charlando y acariciando la panza.



También me gusta jugar a las “arrimas” y a la telepatía.
Y una vez que íbamos en auto, yo manejaba pensando en los trámites que tenía que hacer, vos ibas atrás, mirando por la ventanilla, los dos en silencio y por ahí me dijiste:
Yo sé hablar con Dios y con los pájaros.
Ah sí, cómo haces
Es fácil… Y me contaste.
Ese mismo día nos dijiste tu primer poesía a la luna.
La escribimos para que no se nos olvide.



Ahora cuando te quiero sacar charla de algo, me cortas dulcemente:
No te quiero contar mamá, porque esas son cosas mías.